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Consultora en Marketing Turístico - Virginia Borges
Experiencias turísticas novedosas PDF Imprimir E-mail
virginia   
Martes, 15 de Junio de 2010 10:03

 

 

Uno de los grandes temas de conversación que mantengo con los clientes es el del "Valor Añadido" y es que los productos rara vez se venden ya por sí solos. Se vende más por la experiencia que ofrecen, por los servicios que lo acompañan que por el producto en sí.  Y este valor añadido, servicios, experiencias... tienen que estar incluidos en el precio final, porque en el momento en que aparecen como otro producto más que nos intentan "vender" pierden el valor diferenciador que tenían. A menos que la compra de ambos productos juntos se ofrezca a un precio realmente interesante...Llevaba varios días queriendo compartir con vosotros mi última gran experiencia "gastronómica" que me sirve para ilustrar este punto. Me confieso exigente (sí, también en esto claro) y, además de la comida y el servicio, hay otros criterios que me hacen decidirme por un restaurante u otro:

  • hay restaurantes en los que se come maravillosamente a los que no voy por el nivel de ruido de la sala, se me atraganta la comida cuando para conversar tengo que gritar
  • hay restaurantes en los que se come maravillosamente a los que no voy porque las mesas están muy juntas, y es que no quisiera molestar al de a la mesa de al lado  

Pues acabo de estar en un restaurante en el que tenía que gritar y nuestra mesa estaba separada en 5 cm de la mesa de al lado. Estos son los peros. Pero en el conjunto, la experiencia, por distinta, sale ganando. Comimos estupendamente, pero al fín y al cabo , es lo que esperamos cuando vamos a un restaurante, ¿no? Así que ¿por qué elegir este y no otro?. ¿Además de comer bien (producto) qué más sucede (experiencia)?

Era un restaurante en el Soho londinense, pequeñito con comida asiática, servicio correcto, precios en la media. La experiencia: en la mesa había un completo menú interactivo que se manejaba por un ratón integrado (como el de los portátiles) que te permitía personalizar la apariencia de la mesa, visualizar los platos a tamaño real antes de pedirlos, ver (desde tu mesa) el trabajo en la cocina a través de una cámara web, conocer propuestas para después de cenar (otros locales, teatros, cines), conocer la información del transporte público, consultar el estado de tu cuenta en cualquier momento, y alguna que otra opción más...

Sinceramente, salí muy sorprendida, no solo por el recurso tecnológico sino porque además se había pensado en detalles que los restaurantes tradicionales no ofrecen habitualmente o no de manera directa, informaciones estas que podrían estar en la carta tradicional o en una pequeña información del restaurante que se trajera con el postre, por ejemplo. Ofrecer servicios, y saber incorporarlos en el precio final para que el producto sea distinto y atractivo. Ese es siempre el reto. 

 

Por cierto, el restaurante, para quien tenga curiosidad:  http://www.inamo-restaurant.com/

 

La foto es de Martina Hemm, me encanta su sensibilidad.  

 

 

 
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